ROBERT AICKMAN – FRAGMENTO – Y POEMAS AISLADOS

English: House of Bram Stoker Blue Plaque plac...
English: House of Bram Stoker Blue Plaque placed 1977 reads: “Bram Stoker, (1847-1912), Author of ‘Dracula’, lived here”. (Plaque erected in 1977 by Greater London Council) (Photo credit: Wikipedia)

English: House of Bram Stoker Blue Plaque placed 1977 reads: “Bram Stoker, (1847-1912), Author of ‘Dracula’, lived here”. (Plaque erected in 1977 by Greater London Council) (Photo credit: Wikipedia)

Français : Photo dédicacée de Bram Stoker
Français : Photo dédicacée de Bram Stoker (Photo credit: Wikipedia)

Français : Photo dédicacée de Bram Stoker (Photo credit: Wikipedia)

Bram Stoker's former home, Kildare Street, Dub...
Bram Stoker’s former home, Kildare Street, Dublin, Ireland. (Photo credit: Wikipedia)

Bram Stoker’s former home, Kildare Street, Dublin, Ireland. (Photo credit: Wikipedia)

ROBERT AICKMAN (GRAN BRETAÑA,1914-1981)

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Escritor inglés. Tuvo una infancia difícil, minada por las extravagancias de su padre, el arquitecto William Arthur Aickman, y los constantes altercados de éste con su joven esposa, 32 años más joven, Mabel Violet, hija del prolífico autor victoriano Richard Marsh, autor de una novela que rivalizó en popularidad con el Drácula de Bram Stoker. Aickman fue un enérgico defensor del medioambiente; fundó una asociación fluvial y escribió dos tratados sobre el tema. Cultivó el teatro, la novela y la crítica de ópera, aunque será siempre recordado por sus 48 relatos, que reunió en distintas colecciones: We Are for the DarkSix Ghost Stories (1951), Dark Entries (1964), Powers of Darkness (1966), Sub Rosa:Strange Tales (1968), Cold Hand in Mine: Strange Stories (1975), Tales of Love and Death (1977) e Intrusions. Strange Tales (1980). © Jacobo Siruela

EL VINOSO PONTO (FRAGMENTO)

“ La isla, la roca que habitaban, seguía todavía estándolo, aunque quizá por poco tiempo, los seres humanos vivían en armonía con los ritmos de la naturaleza y eran las mujeres las que gobernaban. Pero luego llegaron los griegos, que separaron al hombre de la naturaleza, o más bien de la vida, y ellas fueron vencidas y expulsadas. Hicieron del mundo un lugar en el que nos era imposible vivir. También era imposible para ellos, pero eran demasiado estúpidos para saberlo. 

POEMAS LIGEROS Y AISLADOS

Leopoldo Alas Clarin

LEOPOLDO ALAS

Mi olor a ti

Toda mi ropa huele a cuando estabas.
Sería al abrazarte -no lo entiendo-
o que estuviste cerca y se quedó prendido.
Si arrimo mi nariz al hombro o a la manga,
te respiro.
Al ponerme la chaqueta, en la solapa,
y en el cuello de un jersey que no abriga.
Aroma de placer, de feromonas,
de recostarme en ti mientras dormías.
Por mucho que la lave, mi ropa lo conserva:
es un perfume dulce que me alivia
como vestir mi carne con tu piel.
Y está durando más que mi recuerdo.
Tu rostro en mi memoria se disipa,
casi puedo decir que he olvidado tu cuerpo
y sigo respirándote en las prendas
que, al tiempo que me visten, te desnudan.
Pero la ropa es mía.
De tanto olerte en mí, tu olor es mío.

Tu olor era mi olor desde el principio,
fue siempre de mi cuerpo, no del tuyo,
de un cuerpo que lo tengo a todas horas
para quererlo entero como jamás te quise
y olerlo de los pies a la cabeza.
Es el olor de todas mis edades,
del niño absorto y puro,
del claro adolescente eléctrico y espeso,
de un joven con insomnio que soñaba
fantasmas del amor, y es también el olor
que al transpirar mis sueños
dejaron en las sábanas.

Quién sabe tú a qué aspiras sin este efluvio mío,
sin mi esencial fragancia.
Estando en compañía, serás siempre la ausente
igual que si te fueras o no hubieras llegado.
Pues no olerás a nada, no dejarás recuerdo
ni podrás despertar auténtico deseo
ni embalsamar las yemas de los dedos
que un día te acaricien
con un perfume físico y concreto.
Serás para el olfato de los otros
como un espejo para los vampiros.
Y yo atesoraré con más fe que codicia
este perfume dulce de mi cuerpo
que descubrí contigo.
Si quieres existir, respíralo de nuevo.

LEOPOLDO ALAS   (España, La posesión del miedo,1996)

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ENRIQUE GONZÁLEZ ROJO

Mujer desnuda

Nevó toda la noche
sobre el jardín de tu cuerpo;
mas todavía hay rosas
y botones abiertos.

Las dóciles hebras sutiles
de la última rama del árbol
caen como lluvias de oro
sobre la firme blancura de los tallos.

Violetas,
que se ocultan
en la hierba de tus pestañas;
apasionadas y profundas.

Hay dos rosas dormidas
con turbador ensueño
en las magnolias impasibles
de tus senos.

Y más oro
en los muslos,
porque pinta el sol la seda
de los musgos.

Y tus pies y tus manos,
menudas y largas raíces,
ahondan la tierra
temblorosa de amor de los jardines.

ENRIQUE GONZÁLEZ ROJO    ( México )

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CARLOS BARRAL

Hombre en la mar

Y tú amor mío, ¿agradeces conmigo
las generosas ocasiones que la mar
nos deparaba de estar juntos? ¿Tú te acuerdas,
casi en el tacto, como yo,
de la caricia intranquila entre dos maniobras,
del temblor de tus pechos
en la camisa abierta cara al viento?

Y de las tardes sosegadas,
cuando la vela débil como un moribundo
nos devolvía a casa muy despacio…
Éramos como huéspedes de la libertad,
tal vez demasiado hermosa.

El azul de la tarde,
las húmedas violetas que oscurecían el aire
se abrían
y volvían a cerrarse tras nosotros
como la puerta de una habitación
por la que no nos hubiéramos
atrevido a preguntar.

Y casi
nos bastaba un ligero contacto,
un distraído cogerte por los hombros
y sentir tu cabeza abandonada,
mientras alrededor se hacía triste
y allá en tierra, en la penumbra
parpadeaban las primeras luces.

CARLOS BARRAL    ( España, 1928 – 1989 )

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LUIS CERNUDA

No decía palabras…

No decía palabras,
acercaba tan sólo un cuerpo interrogante,
porque ignoraba que el deseo es una pregunta
cuya respuesta no existe,
una hoja cuya rama no existe,
un mundo cuyo cielo no existe.

La angustia se abre paso entre los huesos,
remonta por las venas
hasta abrirse en la piel,
surtidores de sueño
hechos carne en interrogación vuelta a las nubes.

Un roce al paso,
una mirada fugaz entre las sombras,
bastan para que el cuerpo se abra en dos,
ávido de recibir en sí mismo
otro cuerpo que sueñe;
mitad y mitad, sueño y sueño, carne y carne;
iguales en figura, iguales en amor, iguales en deseo.
Aunque sólo sea una esperanza,
porque el deseo es pregunta cuya respuesta
nadie sabe.

LUIS CERNUDA    ( España, 1902 – 1963 )

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